"Valoré la vida a partir de esa etapa" entrevista a un emprendedor que superó el cáncer.
En esta entrevista, tuvimos la oportunidad de platicar con el señor Vicente De la Cruz, quien es un emprendedor que a pesar de atravesar varios obstáculos a lo largo de su vida como el cáncer, crisis económicas y demás, salió adelante y logro mantener a flote su negocio con base en su trabajo y resiliencia . Aquí la historia de esta ejemplar historia de vida.
¿Dónde nació, cómo creció y cómo fue su infancia?
Nací en Alto Tonga, Veracruz. Ahí conforme fui creciendo empecé a trabajar en el campo, luego de ayudante del bañil. Hasta los 11 años, cursé en Alto Tonga la primaria, hasta quinto porque fui a la nocturna dos años. A los 14 años, 15, y 7 años me vine para Xalapa. Aquí en Xalapa llegué a trabajar pues de lo que cayera. Lo más sencillo, lo más humilde. Entonces, ya me fui aprendiendo. Poco a poco entré a una fábrica. Y pues fui aprendiendo poco a poco. Agarrar las máquinas, usarlas hasta que aprendí, ya me pasaron a taller, a máquinas.
¿Cómo fueron sus primeros años como trabajador y cómo dio el salto al emprendimiento?
Ahí en esa fábrica estuve cuatro años. No pasé de pegar botones y hacer ojales. Era yo operario determinado, o sea, de ojal y botón.
A los 20 años me cambié de trabajo. Estuve en una maquiladora, en un taller de costura más chico, pero ahí ya ocupaba yo otras máquinas. Ahí ya me pasaron lo que es una máquina Overlock. Y a la vez una plancha hidráulica de vapor con caldera para planchar el vestido, pero ya no manual, sino un poco más industrial. Ahí estuve hasta el 79; de ahí este taller, nos liquidan y ya empiezo yo poco a poco a empezar a hacer mi negocio. Empecé en el 80-81. Y bueno, pues no fue como que ya empezara un negocio y ya me empezó a dar, sino este que hubo muchos pasos muy duros. Muchos obstáculos. Empecé poco a poco. A los 2 años de que empecé, hubo que comprar una camioneta. Era muy necesario tener un vehículo para transportar la mercancía hacia donde teníamos los clientes.
Ese vehículo lo trabajamos. A los 2 años se colapsó, se puede decir, porque se quemó, fue pérdida total. Entonces pues se volvió a empezar en el taller, poco a poco. Y a los 6 meses se volvía a comprar otra camioneta, porque era muy necesario. Una camioneta ya más grande, más cómoda. Con esa camioneta ya empezamos a trabajar más fuerte. Ya también había más máquinas, porque ya estaba el coche. Había comprado máquinas en Puebla, máquinas industriales. Ya se empezó a trabajar más fuerte. Empecé a despegar un poquito en el 84. Empezaba ya a despegar, ya producía yo más ropa. Ya tenía yo otra camionetita entonces ya se empezaba a ver resultados del negocio. En el 85, 86, iba yo ya empezando a estar muy fuerte, ya vendía un promedio de 600 vestidos semanales.
¿Cuál es el contexto en el que le diagnostican la enfermedad?
Bueno, a mí me creció un testículo, me creció de largo a 13 centímetros. Porque
ahí en el testículo estaba el tumor. 13 centímetros largo por 11 de ancho. Para
caminar ya me daba trabajo. Y por ignorante, por necio, por terco, por lo que
tú quieras no hice caso, porque el urólogo que yo estaba viendo, el
especialista. Cuando me vio en las consultas me recetó un medicamento. “Vamos a
hacer lo posible” me dijo.
Cuando era, creo que la tercera consulta, por el mes de abril del 88 me dice: “¿Sabes qué? No es posible con medicamento. Te vas a tener que operar”. Y yo, en mi ignorancia me decía “¿Cómo me voy a operar? de qué se trata la operación?” y ya no fui a consulta. Yo dije, a ver qué pasa, todavía me dijo: “te puede dar cáncer si no te opero” y no me importó. A mí me estaba yendo muy bien. Tenía yo dinero y tenía... ¿No le dio miedo? no, no me dio miedo.
¿Cómo recibes la
noticia?
Los últimos días de julio me dio temperatura, me da un
dolorcito medio raro en toda la parte del abdomen. Y, obviamente, el testículo.
Y ya como que me dio miedillo. En la tarde, que me voy a ver al médico.
Llegando lo primero que me dijo fue: “¿ya te operaste?”. “No, doctor, no,
doctor” le dije. “Te dije que te tenías que operar. Ahorita ya no te voy a
decir, te voy a ordenar. Mañana a las 7 de la mañana te quiero en el hospital
civil, te vamos a intervenir rápido porque esto está cañón. Y te puedes tener
cáncer, ya no te digo que te puede caer, puedes tenerlo ya”. Te quieres morir
en ese momento.
Ya, otro día me interné..
¿Y cómo durmió esa noche?
No, pues ni se puede dormir. O sea, ya ahí te entra el
miedo, mis hijos estaban chiquitos. Mi hija tenía como 7 años, mi hijo tenía 2
o 3 años. Ya, me interné a las 7, me
interné en área privada. O sea, en el civil, pero en área privada y podía
entrar lo que fuera quien fuera. A las 11 me empezaron a preparar. Ya me dio de
alta el doctor, y a los ocho días Iban a dar los resultados del estudio. Recuerdo
que fui a recogerlos yo, adolorido, pero iba yo manejando, y de ahí mismo del
laboratorio, me tocaba hacer quitar al médico, le marqué por teléfono para ver
si me recibía de momento. Llego con él y me dice: “ya viste lo que dice?” “no,
doctor” respondí, aunque si leí, pero pues yo no entendía.
“Tienes cáncer” Es lo peor que te puede pasar eso, cuando te
dicen eso: “tienes cáncer”. Y no tan solo al principio, en ese momento ya lo tenía
yo en tercer grado, me había diseminado a un ganglio en el abdominal, ya estaba
contaminado.
Me manda hacer un estudio, un ultrasonido y estudio de
sangre, para ver hasta dónde estaba. Afortunadamente nada más se había tocado
ahí. No tocó estómago, no tocó hígado, nada.
Y me dice, “¿cómo andas de dinero? porque lo que te viene va
a ser caro. En nombre de Dios, ten esta hoja, yo hasta aquí termino contigo”
¿Qué provocó en ti la enfermedad?
Mucha inseguridad. Yo era de las personas que como quedé sin
pelo, sin nada, sin cejas, todo, todo, pelo que se cae, y que alguien me
dijera, “ah, su madre, estás bien amolado”.
Yo era enemigo de eso. A mí me invitaban a algunas fiestas y
por no escuchar a la gente que nos estuviera pobreteando, o sea, decían, “ah,
pobrecito de Vicente” no, ni madre, eso no me gustaba. Yo lo superé y todo, y
gracias a Dios aquí sigo.
En mi vida he tenido muchos obstáculos y gracias a Dios se
los he superado. Y nunca me ha gustado sentir que me compadecen. Y ya por ahí
que te digan, “ah, pobre Vicente, ¿cómo estás? te veo amolado” No, ni madre.
No, no, no. Yo cuando me sentía bien iba a algún lado, yo saludaba a la gente y
todo bien. Pero sí, se padece mucho, las reacciones de la quimioterapia son muy
duras. Duran mucho, mucho dolor, mucha fiebre, vómito. Son terribles.
Afortunadamente la hubo y que había el dinero. Y eso fue bueno.
¿Cómo cambió su forma de vivir y de ver la vida?
Lo máximo, o sea, yo valoré la vida a partir de esa etapa. Para mí el amanecer era lo máximo, me levantaba y daba yo gracias a Dios, porque cuando tú ves la muerte cerca, es cuando valoras la vida. Valoras la vida y cada amanecer es un triunfo. Amanecer sin dolor y que ves todo está bien, tu familia, trabajo, ya cuando empieza a haber trabajo otra vez. Todo, todo.
Ahí aprendí a darle gracias a Dios como nunca. Cuando me levantaba y decía, “dios mío, gracias que me dejaste, que me das la vida”. Te da la oportunidad de ver tus grandezas, todo lo que tú has hecho. Aprendes a valorar la vida en todos los sentidos. En lo familiar, en lo espiritual, en lo material. Te llega un trabajo y lo primero que dices es,” gracias a Dios que me estás dando trabajo”. Todo, todo. Te cambia la vida por completo.
Pero, pues yo se lo tomo como una prueba. Mi terquedad, mi cerradez, a lo mejor fue también un factor. Pero más que nada como una prueba que Dios. Porque me estaba yo volviendo un poco rebelde, un poco egoísta, un poco altanero.
Y al final de todo, ¿qué le enseñó?
Pues te digo, a valorar la vida, a tratar de ser un poco humilde, porque la humildad completa yo creo que no se tiene, pero algo humilde y darle gracias a Dios de todo lo que se ha pasado. No tomarlo como castigo, ¿no? Te digo, pruebas que él nos pone y saberlas asimilar y valora, y eso nos hace que la vida fluya un poco más tranquila.
Comentarios
Publicar un comentario